martes, 25 de diciembre de 2018

Un hombre con el espinazo torcido




Un hombre con el espinazo torcido cruzó las puertas del Palacio Salvo. Hacía dos horas que había decidido no vivir más. El detonante fue encontrar a su mujer con el vecino, en su departamento, un día de semana, a la hora de la siesta. Entró a destiempo buscando unos papeles que se había olvidado y los vio haciendo el perrito contra la ventana. Quedó espantado y fascinado; su mujer era lo único que lo mantenía atado a la vida.  Sin saberlo, lo había liberado.
Salió de su apartamento y peregrinó dos horas hacia su destino final; eran tan solo veinte cuadras, pero las vértebras eran cuchillos que lo desgarraban en cada exhalación. Fue una caminata solemne, los edificios parecían más limpios, la gente más amigable y los ruidos menos molestos;  todo cambiaba si se miraba por última vez, no había prisa una vez elegido el destino final. También le quemaba el sobaco. Había consultado con el oncólogo, pero el doctor había insistido que nada tenía que ver el dolor con el sarcoma. Usted está en cuidados paliativos, le decía, a veces la morfina hace que uno se imagine cosas.  
Cruzó apurando el paso la entrada al Palacio Salvo. Saludó al portero sin mirarlo. Se tomó el ascensor hasta la azotea. Forzó la puerta que estaba clausurada hacía años. Se trepó al barandal. La Plaza Independencia se veía linda desde la altura. Podía ver el Rio de la Plata, la peatonal principal de la Ciudad Vieja minada de turistas. Reconoció la Plaza Zabala. Se quedó un rato contemplando las palomas.  Me estoy distrayendo, pensó, con miedo a arrepentirse. Se arrimó al borde. Esperó para ver si alguien gritaba para frenarlo o algo, pero nada. El dolor axilar se volvía insoportable.
Pegó un grito para envalentonarse, cerró los ojos y se tiró. Por debajo del sobaco se le rajaba la piel y empujadas desde las vértebras empezaron a salirle plumas y más plumas. Le hacían cosquillas debajo de los brazos por lo que instintivamente los abrió, y también los ojos. La caída libre se desaceleró. Al llegar cerca del suelo comenzó a batir los brazos y salió eyectado hacia arriba. Se observó las alas tupidas y le pareció tan natural que se extrañó de no haberlas tenido antes. Comenzó a planear por encima de la plaza. No quería disfrutarlo, pero de repente se encontró que no podía cerrar los labios por sobre la sonrisa. Voló por encima del monumento a Artigas. Qué lindo se ve de acá todo, pensó. Pasó rasante por encima del carro de panchos y de la fila de turistas allí apostados.
Asustó a todas las palomas que levantaron vuelo al verlo y saludó a una vieja al pasar. A un pibe que andaba en patineta le tiró una guiñada antes de arrebatarle el gorro. Se metió entre los dos pilares de la Puerta de la Ciudadela, y circundando la plaza, ya cansado, decidió aterrizar. Locales y turistas se agolparon a ver el espectáculo. El murmullo aumentó conforme la gente se le acercaba, y el hombre pensó que nunca lo habían mirado así en toda su vida. Ni en cantidad ni en calidad.
Al instante de apoyarse en los adoquines se arrepintió. El escalofrío lo recorrió de los pies a la cabeza, subiendo por el espinazo siempre maltrecho. Mientras gemía sofocado las alas se le desprendieron del cuerpo y cayeron al piso, como si fuesen de utilería. Consternado y avergonzado y enfrentado a una multitud expectante, recogió su dignidad y se dirigió con ella y su maltrecho cuerpo, otra vez, en rumbo al Palacio, deseando que el portero no notara su insistencia.

miércoles, 12 de diciembre de 2018

El diario no hablaba de ti (ni de mí)



Martín: Y, gorda, ¿cómo te fue? ¿Mucha gente?

Paola: Demasiada, suerte que no viniste. Nadie fue con los maridos al final.

Martín: ¡Viste, te dije! Me querías clavar con el salame del Beltrán ese.

Paola: Boscán. Se llama Boscán. Y ya te dije que no me gusta que hables así del esposo de una amiga.

Martín: El cómo-se-llame ese. Si Patricia ni siquiera es tu amiga, no jodas, gorda. El otro día le sacabas el cuero porque se está clavando al jefe, ¿o no? Bastante trola tu "amiga".

(Gesticula.)

Paola: Es mi amiga, sí, y se siente sola. No creo que se lo esté clavando. Calculo que necesita alguien que la escuche.

(Silencio.)

Paola: Igual Boscán tampoco fue. Está de viaje, otra vez. Al final Patricia tiene razón, nunca está, no la escucha. ¿Che, me cambio y salimos? ¿Qué leés?

Martín: El diario. No te cambies, estás divina. Ya no sé si leo para enterarme de las noticias o criticar a los redactores. Hay horrores más que errores.

(Vuelve a su lectura. Paola chusmea los titulares por encima de su hombro.)

Paola: Cero nafta en las estaciones. Es terrible. Siempre nos jodemos los que laburamos… ¿Realmente se creen que estas medidas son efectivas?

Martín: (Sin dejar de leer.) No, no. Hacen paro solo para joderte a vos. Mirá esto.

Paola: ¡Qué tarado! ¿Qué? Leeme, que estoy sin lentes.

(Martín se acomoda el diario en las piernas, mientras las cruza.)

Martín: (Lee.) "La poeta uruguaya Ida Vitale, de noventa y cinco años, ha sido galardonada con el premio Cervantes 2018. Vitale es la quinta mujer reconocida por este premio que ha sido concedido a cuarenta hombres. El escritor nicaragüense Sergio Ramírez celebró la decisión, subrayando que "no se otorga el premio por ser hombre o mujer, sino por la calidad de una obra que queda fuera de toda duda"".

(Sacude las páginas del diario y cambia bruscamente de página.)

Esto del feminismo me tiene podrido. No les alcanza con prohibir los piropos y boicotear todo tipo de expresión pública de masculinidad, sino que ahora también hay que repartir los premios con ustedes, cuando la igualdad de méritos es bastante cuestionable.

(Lee.) "Colectivo de actrices argentinas formulan una denuncia penal por violación contra reconocido actor".

(Baja el diario y habla mirando hacia afuera de la ventana)

Intentar explicarles a estas energúmenas la noción de "punto de vista" es como hablarle a un mandril de física cuántica. Les preguntaría ¿cómo llegó la mina al cuarto del hombre?, ¿alguien oyó el no?, ¿cuánto escaló la carrera de la actriz ésta después del supuesto abuso? Te miran indignadas, como con un derecho divino a ser juez y parte de la opinión. ¿En qué momento llegamos a este estado? ¿Hay algo más triste que pensar a los hombres y mujeres en términos de equidad? Procuramos cambiar el patriarcado pensando que así viviríamos sin tanto conflicto. Pero solo estamos en contacto con el horror. Y lo peor no es enfrentarse, día a día, con la violencia más atroz. Lo peor es imaginar el día de mañana. Esas minas sublevadas son el futuro. ¿Quién puede conocerlas y no hundirse en la desesperación? Los catastrofistas pronostican la invasión de los bárbaros y yo digo: ya están aquí; las bárbaras ya están aquí, en nuestras casas.

(Pasa otra página.)

Paola: Te juro que no sabría que decirle. Boscán nunca está, es cierto. Pero meterle los cuernos así. No sé, no da. Pero separarse, con los chicos de por medio… y además lo quiere. Yo la entiendo, es la costumbre, son muchos años. ¿Me estás escuchando?

(Martín está absorto en lo que lee.)

Paola: ¿Pasa algo?

(Silencio.)

Martín: (Lee.) "Suplemento Eme de Mujer. Conocé las últimas tendencias en decoración para esta navidad. Este año la combinación de colores tierra como el marrón o el gris deben estar acompañados de plantas secas o naturales, como el eucalipto o el pino, las cuales no solo combinarán colores sino también dejarán tu casa con un aroma especial. Las artesanías toman un protagonismo importante en elementos que pueden ser colocados en el árbol o como complementos en toda la casa. De combinarse con detalles de otros países, le dará un carácter cosmopolita al ambiente navideño".

(Silencio.)

Paola: ¿Eso dice?

Martín: Sí, cosmopolita.

domingo, 9 de diciembre de 2018

La verdadera historia de la tapera en Santa Marta






La última vez que vamos a ver a Sara es en aquel boliche de la Ciudad Vieja, en la presentación del último libro del Profesor, La Triste Sospecha. Estamos todos los alumnos del viejo, por respeto a la obra de toda su vida el lugar está lleno, pero ya hace rato que sus novelas carecen de la calidad que habían conocido antaño. El Profesor había perdido la magia. Vamos llamados por la nostalgia de aquel Santa Marta, el pueblo creado por el maestro como locación para sus relatos. Nos recibe una imponente ilustración a grafo de Iris Duarte la protagonista de la saga que le valió el prestigio, quizás sobrevalorada como personaje principal ―con una sensualidad que desborda el afiche, y además está la luz tibia, el gusto al whisky, al tango, y al encuentro con otros autores de culto, que nos induce a un estado de trance ya antes de entrar al local.



Cuando el viejo comienza la lectura estamos exactamente todos los lectores incondicionales que le quedan al momento. Hace rato carecemos de objetividad,  somos arrastrados por la leyenda del autor existencialista y una inentendible fascinación por Iris. Algunos minutos ya adentrados en la lectura nos sentimos íntimamente defraudados. El viejo se repite a sí mismo, va a dedicar las primeras seis páginas del libro a la descripción de la tapera de barro y troncos que habita Iris, en una descripción casi análoga y en paralelo al sucio y alienado pueblo de Santa Marta.  No habrá sorpresas, ya lo sabemos. Nuestra mente escapa entonces a desdoblar a una Iris desbordante de un erotismo reprimido, de su musa, nuestra antigua compañera y actual mujer del viejo, Sara.



Vemos a la eterna Iris atrapada en perpetuos escenarios opresivos, lúgubres hasta la desesperanza, donde el viejo podía a su antojo convertirla en mártir y heroína de la testosterona del coprotagonista. Sara vive básicamente recluida, desde su pésima idea del concubinato, pidiéndole permiso al maestro para actuar. Sabemos que ya no escribe. Podemos ver en la imagen de fragilidad de Iris y su desencanto, en la forma lasciva y manipuladora de describirla, como incómodos y cómplices espectadores hasta el devenir del asco una cualidad que conservaba el maestro era hacernos mirar como miraba él la tortura silenciosa a la que somete a Sara. Es evidente que nuestra antigua compañera escritora ejerce sobre el viejo una influencia notable y, sin embargo, obedece a sus chantajes emocionales sin revelarse. En el libro Iris sucumbe a la seducción del viejo protagonista a acompañarlo a su inmunda tapera, y allí entra, temblando de frio o de miedo mientras el viejo prende la estufa. Cuando llega el momento de notar que han pasado semanas de cautiverio está débil, mareada. No nos cuesta imaginar a Sara entrando al apartamento del profesor, o a su vida, con el mismo terror impávido de alumna cautivada que había demostrado desde el primer día de taller, con el mismo gesto que la vemos años después seguir subyugada a los caprichos de su antiguo profesor.



Claro, esto lo vemos solo nosotros, los demás asistentes a la lectura no lo descifran en el libro Iris se esmalta las uñas de los pies mientras la puerta de la tapera golpetea por el viento, destrabada, dejándole la posibilidad de huir. No sabemos si es una metáfora para la supuesta libertad que el viejo cree darle a Sara, o un truco literario que justifique la agorafobia de su concubina, pero lo cierto es que Iris prende un cigarro, quizás mientras espera el retorno del viejo, quizás para matar la soledad en sus pulmones, vestida con el mismo camisón traslúcido con el que se levantó, sintiendo el peso de  la tapera, de Santa Marta, del viejo jadeando sobre ella, pero sobre todo, cargando con todo el peso de Sara a cuestas.





sábado, 1 de diciembre de 2018

Incontinencia paternosentiverbal



Cuando la gente me ve en la televisión, en los congresos y en el aula, ¿saben lo que piensan? «Él soy yo», «yo puedo llegar a ser así de especial», «yo podría llegar a lo mismo que él, si quisiera». Bueno, ¿saben qué? No, no pueden. ¿Saben por qué? Porque son todos unos holgazanes, en este país no se concibe el trabajo duro, la triste realidad es que la mayoría vive en la más absoluta mediocridad, sin ambición, en un perpetuo letargo.  

Los pocos que descubrimos esto, los detectores de la pandemia llamada vulgaridad, hacemos algo al respecto; yo nací con todas las probabilidades en contra, era definitorio: o me volvía el mandamás o era como los lamebotas que me suplican que les consiga trabajo. Para los que dicen que escalo demasiado rápido o que no soy trigo limpio, les digo: si eso marca la diferencia para que mi familia tenga una buena vida y no tengan que vender entradas en el hipódromo todos los putos días de su vida, que así sea. Sociedad de cuarta, el sucio hipódromo. La mediocridad es el elefante en la habitación: van a una escuela mediocre, tienen sueños mediocres, familias mediocres. 

Hablemos del elefante. Mi familia es el elefante. Y yo me perpetúo a través de ellos, ¿es que no lo entienden? Los atravieso, sin verlos. Ellos son muy sentimentales y poco avivados. Mi hija es un poco más lúcida. Con mi esposa y mi hijo ya perdí las esperanzas. Igual creo que es lo mejor, convertirlos en lo que yo nunca fui porque así la vida les resulta más fácil que a mí. Quizás si son los mejores, yo también lo soy, comparándome. Comparándonos, con cualquiera. No entienden que estoy haciendo esto por su maldito bien, van a compensar todo lo que yo arruiné. No lo comprenden todavía, ya van a entender. Dos por tres lloran. ¿Por qué estás llorando? No llores guacha de mierda, desagradecida. Con todo lo que hago por ustedes. La vida es dura, pendejo. Más vale que te empieces a endurecer desde ya. Sé una buena chica, esforzarte un poco más, dale… vos podés. Hacelo por tu madre y por mí. 

A veces los miro con hastío. A veces con lástima. Pero siempre convencido de que es el único camino. Cuando ya no esté me lo van a agradecer. Saben qué, mi hija hoy salió segunda en un concurso. No la aplaudí cuando subió al podio, por supuesto. Cuando me la crucé venía sonriendo y conversando con las amigas como si nada. En cuanto la agarré sola le dije que los segundos no se pueden reír en absoluto, salvo que se conformen con ser segundones. Conformista. Y no pienso hablarle por dos semanas, para que sepa lo que es perder. El castigo se lo impone la vida misma si no, ya va a aprender. 

Ya basta de hipódromos o de criar pollos y gallinas en la granja mientras mis primos veranean, no voy a permitir que mi familia sean esclavos, no voy a permitir que el mundo que yo forme se limite a una granja; me dicen materialista, váyanse a la mierda, yo doy, doy demasiado; dicen que tengo un gran ego, váyanse a la recontra mierda, estoy humildemente agradecido de las oportunidades que se me han dado. Ahora sí, el único que las laburé, día y noche, soy yo. En eso, no le debo nada a nadie, salvo a la lucidez de mi ambición. Si, soy un padre duro y severo, pero llevaré a esta familia a buen puerto, aunque sea lo último que haga este capitán.