Cuando la gente me ve en la televisión, en los congresos y en el aula, ¿saben lo que piensan? «Él soy yo», «yo puedo llegar a ser así de especial», «yo podría llegar a lo mismo que él, si quisiera». Bueno, ¿saben qué? No, no pueden. ¿Saben por qué? Porque son todos unos holgazanes, en este país no se concibe el trabajo duro, la triste realidad es que la mayoría vive en la más absoluta mediocridad, sin ambición, en un perpetuo letargo.
Los pocos que descubrimos esto, los detectores de la pandemia llamada vulgaridad, hacemos algo al respecto; yo nací con todas las probabilidades en contra, era definitorio: o me volvía el mandamás o era como los lamebotas que me suplican que les consiga trabajo. Para los que dicen que escalo demasiado rápido o que no soy trigo limpio, les digo: si eso marca la diferencia para que mi familia tenga una buena vida y no tengan que vender entradas en el hipódromo todos los putos días de su vida, que así sea. Sociedad de cuarta, el sucio hipódromo. La mediocridad es el elefante en la habitación: van a una escuela mediocre, tienen sueños mediocres, familias mediocres.
Hablemos del elefante. Mi familia es el elefante. Y yo me perpetúo a través de ellos, ¿es que no lo entienden? Los atravieso, sin verlos. Ellos son muy sentimentales y poco avivados. Mi hija es un poco más lúcida. Con mi esposa y mi hijo ya perdí las esperanzas. Igual creo que es lo mejor, convertirlos en lo que yo nunca fui porque así la vida les resulta más fácil que a mí. Quizás si son los mejores, yo también lo soy, comparándome. Comparándonos, con cualquiera. No entienden que estoy haciendo esto por su maldito bien, van a compensar todo lo que yo arruiné. No lo comprenden todavía, ya van a entender. Dos por tres lloran. ¿Por qué estás llorando? No llores guacha de mierda, desagradecida. Con todo lo que hago por ustedes. La vida es dura, pendejo. Más vale que te empieces a endurecer desde ya. Sé una buena chica, esforzarte un poco más, dale… vos podés. Hacelo por tu madre y por mí.
A veces los miro con hastío. A veces con lástima. Pero siempre convencido de que es el único camino. Cuando ya no esté me lo van a agradecer. Saben qué, mi hija hoy salió segunda en un concurso. No la aplaudí cuando subió al podio, por supuesto. Cuando me la crucé venía sonriendo y conversando con las amigas como si nada. En cuanto la agarré sola le dije que los segundos no se pueden reír en absoluto, salvo que se conformen con ser segundones. Conformista. Y no pienso hablarle por dos semanas, para que sepa lo que es perder. El castigo se lo impone la vida misma si no, ya va a aprender.
Ya basta de hipódromos o de criar pollos y gallinas en la granja mientras mis primos veranean, no voy a permitir que mi familia sean esclavos, no voy a permitir que el mundo que yo forme se limite a una granja; me dicen materialista, váyanse a la mierda, yo doy, doy demasiado; dicen que tengo un gran ego, váyanse a la recontra mierda, estoy humildemente agradecido de las oportunidades que se me han dado. Ahora sí, el único que las laburé, día y noche, soy yo. En eso, no le debo nada a nadie, salvo a la lucidez de mi ambición. Si, soy un padre duro y severo, pero llevaré a esta familia a buen puerto, aunque sea lo último que haga este capitán.
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