Mi amiga divorciada había conseguido chongo nuevo. Así, cada lunes, me texteaba las peripecias del finde con lujo de detalles. Se la notaba rejuvenecida, ella decía que era de tanto darle, pero yo sé que era la felicidá que da el amor, si, duro como suene reconocerlo. Así pateando nubes andaba, hasta hace unas semanas, cuando el chongo la dejó sin darle mucha explicación. Le metió cualquiera: ahora parece que todo verso vale, como una tía mía que votó al Cuquito porque le parecía fachero, una zaraza similar.
Para levantarle el ánimo decidimos sacarla a bailar: las separadas iban de cacería, las otras mirábamos la libertad de reojo, no pudiendo disimular una cierta envidia. Recuerdo cuando no hace tanto, si veía una manada como la nuestra, pensaba «ahí vienen las divorciadas hambrientas». Esas losers que venían a divertirse una noche barriéndote el pibito que vos llevabas meses chamuyando. Y sí, los de veinte se te daban vuelta como una media sabiendo que la iban a pasar bomba y sin tanto laburo.
Lo que no te cuentan es que en el boliche las cuarentonas vamos como esa gente que rocía el perfumador en el baño, queriendo disimular algo que se siente a kilómetros. Todo cambia, el cuerpo ya no resiste las adversidades de la noche, las patas de gallo te surcan los ojos, no hay delineador ni tapa ojeras que te hagan parecer despierta. Las pendejas te pasan por al lado con piernas kilométricas sin celulitis y panzas chatas de-ningún-embarazo, y vos tratando de guardar a presión rollos y estrías. Nah, te convencés que ya no da para mostrar tanto, que ahora seducís desde la labia. Ponele. Bien sabés que si mostrás la raviolera vas presa por atentado violento al pudor.
Encima te cambian los códigos: desciframe las redes sociales. Hablame de cuando te mandan por privado memes o bolufrases o esos emoticones de mierda. ¿Qué carajo quiere decir que nos manden una cara con estrellas? ¿O un corazón amarillo? Flacos: esmérense un poco más, no somos millenials, no entendemos nada. Tenemos que aprender a bancarnos mansas que nos claven el visto o que de repente prendan la regadera de likes. Y vos, que subís esa foto en la que te costó un huevo conseguir que se te marque la cintura, cual contorsionista del Cirque du Soleil, y pasado un tiempo prudencial autoestablecido recorrés el listado de likes con el dedito para ver si está justo ese like que te importa (sí, siempre es uno solo, y sí, se hace desear), y no, no está. ¡Qué malhumor pibe! No entendés nada.
No te cuentan que después de separarte y divertirte una, dos, diez veces, de anotar varias entradas en tu diario íntimo invisible sobre experiencias que te chupan un huevo, vas a querer volver a sentir. Y ahí, tu única fantasía sexual es dejar de atraer pelotudos. Tu propio poder de proyección hace que, aunque todavía no hayas salido con el pibe, ya estés pensando cómo se llevarán sus hijos con los tuyos. Ya stalkeaste a la ex para ver si vas a tener que fumarte una mina cara de orto forever, pero, sobre todo, para que se confirme lo que es tu principal obsesión: que por favor esté más arrugada que vos.
Y es que no te cuentan que las rupturas a los cuarenta se procesan heavy, mucho soltar, carpe diem e ainda mais, pero lo cierto es que está minado de forros que a la primera te tildan de histérica, y ni te gastes en mandarlos a la mierda porque no saben dónde queda. Se hacen cero cargo, mucha presión les da alergia; no es que quiera justificarlos, pero sí, tiene lógica, es mucho más tentador ser un imbécil que laburar en una relación. Haceme caso, hay que salir corriendo al primer rasgo de pelotudez. Después te encariñas y marchaste. Vas coleccionando nabos.
Qué te parió!!!
ResponderEliminarBrillante... como la vida misma!!