Esta es una
real historia de histeria.
Se dice que
cada familia es un mundo, pero es que hay mundos y mundos, y en el árbol
genealógico de esta familia se dieron dos particularidades. Todas las mujeres
tenían la triste historia de padecer histeria. Y todas ellas, sin excepción,
se casaron con hombres de apellido King.
Por estas
particularidades se trató de estudiar el genoma familiar. Se aislaron los genes
D-sco-K2 (para facilitarle al lector no científico, se hará referencia a los genes por su fonética, léase descocados).
Se encontró que los genes descocados eran autosómicos dominantes por línea materna, siendo los causantes de la histeria femenina y de su atracción a los hombres King.
La primera mutación
genética se encontró en la Abuela Coca, que fue tratada por Jung por histeria.
Cuentan que había llevado una vida ordenada hasta la adultez,
cuando los genes descocados se expresaron y se obsesionó con probar los
colchones que fabricaba su marido. Quería establecer el algoritmo entre el
tamaño del colchón y la cantidad de hombres que podía albergar. El señor King
se puso firme, mandó a la Coca al psiquiatra, y estandarizó el tamaño de su colchón
“solo para dos” bautizándolo con su nombre.
La hermana de
la Abuela Coca, la Coca Sarli, estaba casada con King Kong, un espécimen un
tanto velludo con facciones simiescas. Se conocieron siendo actores secundarios y ahí fue cuando los genes descocados hicieron mella en la carne de Coca, quien viajó
a Argentina y se convirtió en símbolo sexual de su generación, actuando en
múltiples películas de culto. Esto a King le provocó el celo, lo que lo que motivó a irse a Hollywood,
donde protagonizó un remake de una famosa película japonesa.
La hija, la Coca Cola, tenía un cuerpo de botella que enloquecía a cualquier hombre que se le acercara. Ella nunca pudo disimular los genes descocados, parte por la sinuosidad de su cuerpo, pero también por la dulzura de su alma. Su efervescencia la llevó a casarse con el cocinero del restaurante que frecuentaba a diario, don Burger King. Con la ayuda de la Coca Cola el don aprendió su oficio y abrió su primera sucursal. La dupla a posteriori resultó muy próspera para los emprendimientos alimenticios.
La hermana de
la Coca Cola, la Ro Cola, se había casado con B.B. King. Cuando se conocieron,
él ya era el rey del blues y ella se enloqueció por reproducirlo. La Ro Cola se
batía al ritmo de guitarras, saxos y trompetas. Funcionaron muy bien hasta que la
Ro Cola un día se ralló y empezó a flirtear con discos de otros músicos. La
pareja, ya disonante, se separó, él se llevó sus Grammys y la dejó a
ella rota en un rincón.
La sobrina de
la Coca, la Coca Ina, estuvo casada con Stephen King. La Coca Ina estaba
contentísima y lo hacía ver las estrellas. Pero sucede que los genes descocados
hacían estragos en la Coca Ina, quien no podía serle fiel al pobre escritor; al
parecer ella fue la más promiscua de las Cocas. Sus amantes se cuentan por
miles. Sin
embargo, cuando Stephen la dejó, ella quedó hecha polvo. Pero no todo fue un camino de espinas en su
matrimonio, los años que estuvieron casados marcaron la etapa más prolífica del
escritor. Sus letras se propagaban como reguero de pólvo-ra. A las malas
personas les gusta meter en sus narices asuntos ajenos y comentar que mientras
estaba con la Coca Ina fue que él aspiró a producir sus mejores obras.
Dicen que los
últimos miembros del clan, los dueños de la afamada librería Shakespeare and Co-ca,
la Loca Coca y su esposo King Lear, estuvieron dedicados por completo a la
literatura. No tuvieron descendencia porque los genes descocados provocaron que ella tuviera una insaciable sed de lectura, vivía de historia
en historia, y él, agotado de que ella confundiera la lingüística con algo más,
le decía “Toma nota Loca Coca: toca poca boca”. Y resulta entendible, pobre King, es que con
histeria no hay historias.

Genial!!
ResponderEliminarManual de “cómo jugar con las palabras y que tenga contenido”