Es una noche cerrada en el pueblo San Valentín. Jorge camina a buen ritmo pero cada pocos pasos se
detiene. Vacila. Vuelve tras sus pasos. Ensimismado y con la cabeza gacha llega
al bolichongo y entra.
―¿Qué hacé, Negro?
Vistes que arranco a laburá acá.
―Suerte, loco, en tu
primer día. Cualquier cosa me avisás. ―Má vale, bo.
Se acoda en la barra y se
pone en puntas de pie, levanta la cola e infla el pecho. El pantalón de jean le
revienta la entrepierna y las tiras de los tacos le surcan los pies que comienzan
a edematizarse. “Tranquilo que esto recién empieza” piensa. “Hay
que hacer de tripas corazón” le decía siempre su madre, “los pobres no podemos elegir hacer siempre lo que
nos gusta”. Piensa en cómo necesita un abrazo de su madre en ese
momento. Percibe que un hombre se
le acerca por la espalda y le pone la mano en la cintura.
―¿Cómo te llamas reina?
―Cupido. ―¿Cupido? ¡Pero Cupido es nombre de hombre! ¿Vos no sos una reina?
―Soy la reina Cupido. ¿Te interesa, o no?
―Depende cuánto sea.
―Completo 1800, 800 el pete.
―¡Tas cara reina!
―Bueno entonces rajá que otros lo pagan ―le hace una seña al Negro para que lo ahuyente .
―Tranquilos, tranquilos que yo me voy solito
Jorge vuelve a su actitud postural laboral. Se pide un whisky para aflojar los nervios. Cuando los glúteos ya se le están contracturando
siente otra voz al oído.
―Hola mamita.
No necesita darse la vuelta.
Lo reconoce. Esa voz la lleva grabada a fuego en la memoria. De todas las
personas que podían entrar a ese bar esa noche, tenía que ser él.
―¿Y mamita no te vas a
dar vuelta?
Jorge gira. ―Hola, tío.
―¿Vos? ¿Acá?
―Si yo, si. ¿Te acordá cuando era chico y me comía la oreja con que mi culo valía fortunas? ¿Te acordá, o no? ¿Te acordá del versito ese que cantabas? Bueh ahora necesito guita. Así que acá toy.
―Pero Jorgito… digo, ¿cómo te llamás ahora?
―Cupido.
―¿Cupido?
―Si, Cupido.
―Bueno Cupido, si querés subimos y recordamos viejos tiempos. Guita tengo.
Tratando de controlar las náuseas, Jorge toma el vaso y
sigue a su tío hacia el cuarto. Apenas entran el tío lo empieza a besar. Jorge
se sacude incómodo.
―No dejá, loco,
besos no.
―Bueno déjate de joder con mariconeadas, dijiste que
necesitás la guita, ¿o no?
Asqueado Jorge se saca al pantalón y se sube a la cama en cuatro
patas. El tío se acerca
despacio, lo penetra con fuerza y le tira el dinero sobre la espalda.
―Ahhh ahora me está
volviendo el versito. Ahhh siiii ahí
vieneeee ¿cómo era?
Jorgito queridome das un besito
pobre tu tío
necesita un mimito.
Jorge, nauseabundo, se aferra al vaso de whisky que aún sostiene en una mano y fija en su mente las palabras de su madre, antes de desvanecerse.
Cuentan los habitantes del pueblo, que al siguiente día hallarán
el vaso roto, los billetes empapados en el whisky, al tío con un tajo y sin
vida, y un tumefacto triperío sangrante moldeado con la forma de un corazón
sobre las sábanas rojas.
De Cupido no se sabe
mucho,
solo que no aparece más en San Valentín.

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