Sábado 13 de octubre
Hoy amaneció con uno de esos soles privilegiados que nadie podía anticipar con los truenos y la lluvia incesante de anoche. Me levanté antes de que suene el despertador y armé el bolso. Creo que esta vez no me olvidé de nada, metí bombachas y abrigo primero, que es lo que siempre me olvido. También las gemas, cartas de hadas, cuencos, tarot, duendes, porro y los juegos de caja para adultos que me llegaron de Amazon.
De todos los grupos de amigas que tengo: las del colegio, las de los caballos, las de los veranos, las crocantes, las chetas del barrio privado, las del Sanca, las de la universidad; es probable que las brujas sean las más bohemias. Yo siempre fui bastante más de desencajar en los grupos que de formar parte. Entre mis amigas espirituales soy la escéptica; y soy la rara, la piradísima entre mis amigas incrédulas. Soy la estirada entre mis amigas bohemias y la hippie de mis amigas presumidas. Es un ni-ni permanente en el que me balanceo, ni blanca ni negra, ni alta ni baja, ni facha ni revolucionaria ¿Es que soy muy veleta o que tengo amigas de lo más variadas? Me siento un parásito fagocitando experiencias y quedándome solo con lo que me sirve. ¡Qué feo, che! En fin, este fin de semana largo por el descubrimiento de América se lo voy a dedicar a mis amigas, las brujas.
Las brujas nos conocimos de casualidad hace dos años y desde entonces meditamos juntas cada luna llena. No las conozco a fondo, no me sé el nombre de sus hijos ni de sus esposos, pero sí las conozco tanto como para que esos detalles no me importen. Somos esa especie inexplicable de hechiceras urbanas que debajo de nuestro disfraz de profesionales exitosas y madres abnegadas que hacen el car pool dos veces por semana, cada tanto, sacamos la escoba, el caldero y las pócimas. Cuando las del barrio me preguntan qué es eso que tanto hago en las lunas llenas, les digo que aúllo a la luna, y ríen. Poco se imaginan que no hay nada más cierto.
Domingo 14 de octubre
Ya no estoy para estos trotes. Me levanté con dolor de cabeza. No quería salir del sobre de dormir. Abrí los ojos y me supe la más dormilona. Desde afuera de la casa llegó el trinar de los pájaros y desde el piso de abajo el de cinco mujeres desafinadas; y risas y más risas. Abrí la ventana y me puse a escribir. Hasta que no se den cuenta de que me desperté no me van a obligar a bajar, así que puedo meter un poco de escritura.
Ayer no nos quedó nada por hacer, nada por charlar, nada por ver. Se nos manifestaron todos los invitados, se unieron a la reunión churrinches, caballos y serpientes. A la noche, mientras crepitaba el fuego las más jóvenes de la tribu escuchamos con admiración a las más viejas y supongo que devolvimos pasión y entusiasmo a su vez. Aquí nadie juzga, todas sienten.
En la mesa frente a la estufa quedaron como testigos muertos tres botellas de vino, una de whisky, y una caja de cigarros.
"¡Cállense cotorras que no me puedo concentrar!", les grité recién. "¡No nos digas que estás escribiendo!", "Lorena, no vayas a escribir de nosotras", "Te mato nena", grita una. Cacarean entre risas ahogadas en bizcochos, imagino. Les dije que por haberme despertado voy a desparramar todos sus secretos cual licuadora sin tapa.
Risas y más risas. Voy a tener que bajar. Me gusta la gente que exorciza con amigos, entre carcajadas y mares de lágrimas. La existencia se transforma así en algo sagrado.
Lunes 15 de octubre
Acá estamos, tomando el primer sol de la tarde a orillas del agua después de hacernos reiki. Buscamos un lugar apartado entre las piedras y por suerte no pasó un alma desde que llegamos, bueno un alma de las encarnadas, porque seres habemus una banda. Las demás brujas están acostadas contra las piedras, yo arriba de un árbol, sacando apuntes. El sol arde y las piedras de las sierras calientan la primavera, el cielo toma un tono más claro que el de la ciudad.
Nos miro y observo el cruce de linajes.
Somos seis mujeres reales, de esas que caminan al azar por la ciudad en pleno siglo veintiuno. Somos de todas las edades, colores y lugares. Nos siento una.
Somos amantes de la naturaleza, de lo divino y de lo humano. Somos hijas de sangre, hijas de corazón, hemos abortado hijos no deseados, hemos abortado hijos deseados; tenemos tanto amor para dar que hemos decidido ser madres solteras, adoptado mascotas y abandonado profesiones después de muchos años para dedicarnos a nuestra pasión.
Tenemos hijos grandes que ni estudian ni trabajan a los que quisiéramos matar, hijos chicos que nos vuelven locas, esposos a los que amamos; tenemos tanto amor para dar que deseamos tener pareja y no llega, nos hemos confundido con otros hombres estando casadas, hemos padecido dolores culposos en el más profundo silencio. Somos amadas por nuestros padres y abusadas por ellos, un papá alcohólico, una mamá narcisista, un papá violador, una mamá abandónica y negligente, unos papás que nunca existieron.
Tenemos alas. Pies descalzos. Garras. Sueños que parecen ser los mismos a los treinta que a los sesenta.
Esta es mi tribu, pero entiendo que, de esta tribu, somos todas.
Lo lindo e importante es que son.
ResponderEliminarQue sigan las escapadas que dejan nuevas publicaciones así.
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
ResponderEliminarLore! Hermoso lo que escribiste! Enbtu escritura sentí la ansiedad de despestarme para ir a la aventura, el sol de mañana el aroma a naturaleza y las risas de esas brujas maravillosas. Gracias, me sentí allí!
ResponderEliminarSiempre me pasa contigo..... es como si escarbaras ( con palabras) en zonas profundas bajo la piel...que siempre haya tribus!!!!
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